martes, 19 de julio de 2011

Asunto: Caricias lejanas





Estimado Víctor:

             Querido amigo, espero que estés más animado desde la última vez que me escribiste. Sinceramente, no supe qué responderte cuando me hablabas sobre el desencanto que has sufrido con tu vida en los últimos meses. A pesar de que nunca nos hemos reunido, sé que tenemos un vínculo tan fuerte que a veces me parece verte en la calle, esperándome para jugar un partido o para  ir al pub más cercano; por eso mismo sé que esperabas una respuesta, palabras que te brindaran alivio, el cual no has logrado alcanzar junto a los seres que te rodean. Pero no recibiste nada y, posiblemente, he provocado que te decepciones, no me sorprendería que me hayas borrado de tu lista de contactos. Sin embargo, creo tener una respuesta ahora, y la verdad,  es mejor que te responda ahora, porque lo más seguro es que te hubiera escrito puras webadas hace dos semanas, lo que te hubiera dejado peor.

           Hoy ha estado nublado. Me gustan los días así,  porque las nubes cubren todo con su manto gris y blanco, el cielo toma el aspecto de  una pintura lúgubre, que llama a la melancolía. Normalmente, los días nublados me traen muchos recuerdos, pero solo por hoy  no quería pensar en nada, por eso fui a la ciudad, con el fin de mantenerme ocupado. Caminando entre tanta gente, es normal chocar, pero no esperaba tropezarme con ella, Romina.

********************************************************************************
Tu silueta va caminando, con el alma triste y dormida…
*********************************************************************************

         Tenía 8 años cuando la conocí, fue en aquellos tiempos en los que vivía de la compasión de mis abuelos, quienes se habían apiadado de su hijo y de su torpe esposa-así la llamaban cuando mis padres estaban fuera y creían que yo dormía plácidamente en sus piernas-, permitiéndonos compartir la casa por 15 años. Era mi vecina desde el día en que llegué, pero nunca la había visto o si la había visto no me acordaba; mi vida giraba en torno al colegio, algunos amigos, la casa y por supuesto, los monitos del Club de los Tigritos. No fue hasta que la vi bailar que supe de su existencia, mis viejos eran amigos de los suyos y habíamos sido invitados a su evento. Jamás olvidaré cuando comenzó la música y apareció su figura alta, magnífica, moviéndose de un lado a otro; el ritmo latino  penetraba en mis oídos, mientras mis ojos tenían el privilegio de visualizarla. Cuando terminó su actuación, se nos acercó, así pude observarla mejor: cuerpo atlético y moreno, labios de rojo intenso pero agradable, cabellera rizada y oscura; recuerdo que al mirarla tan detenidamente sentí un calor que subía a mi rostro y me hizo agachar la cabeza, era una sensación extraña, nunca había sentido algo así, solo algunos años más tarde supe que eso se llamaba rubor. De repente, fijó sus ojos en mí, sonrió y se me acercó. A pesar de la majestuosidad que su figura imponía, me di cuenta que no era mucha la diferencia de estaturas. Me besó en la mejilla- son estúpidos esos besos,  tan planos y de escaso contacto, desde aquella vez comenzó mi averción, porque lo único que quería era rocear sus labios por un tiempo prolongado-y comenzó a hablarme de forma natural, se alegró de verme, somos vecinos de hace muchos años y nunca nos vemos ni hablamos ¡que tonto! ¡Buuu, es que este niño no sale mucho, llega del colegio y el resto de la tarde la dedica a ver Pokemón,a esa impertinencia de mi vieja respondí con la mirada, la cual intenté que fuera de enojo, pero creo que no lo logré. Esa noche no dejé de repetir su nombre Romina, Romina ¡Romina! Sabía que ese era su nombre-decía-¡ella tiene cara de Romina! Es nombre digno de un ángel.

        Romina tenía doce años, solo cuatro más que yo, no podía creerlo cuando me lo dijo al día siguiente que nos vimos ¿significaba que había tenido una visión engañosa cuándo la vi bailar?

       Comenzamos a juntarnos casi todas las tardes, aunque solo fuera por una hora; íbamos a los juegos, nos turnábamos para que uno se columpiara y el otro empujara, disfrutaba observarla mientras se balanceaba por los aires, parecía inundar el ambiente con su sonrisa cálida, juguetona y traviesa, como si fuera una niña de doce años ¿dónde estaba esa mujer, cuyos movimientos habían logrado ruborizarme por primera vez? Cuando la confianza creció, me invitaba a su casa, pero solo si sus papás no estaban. Me gustaba mucho un vestido escocés que le llegaba hasta las rodillas, aún recuerdo su imagen corriendo por la casa, jugando a las escondidas, era tan rápida que un ligero viento levantaba su falda; por supuesto, siendo un mocoso no me preguntaba qué había bajo esa falda. Luego de un tiempo, empezamos a jugar a que éramos una pareja de recién casados, que llegaba a su casa nueva. La noche de bodas ocurría en la habitación de los viejos de Romina, caíamos abrazados en la cama, simulando la pasión  de una pareja verdadera. Entonces quedábamos frente a frente, fue en esas ocasiones cuando volví a ver a la mujer, su mirada encerraba tantos significados, que me desconcertaban y que solo ahora puedo definirlas como pasión, sensualidad y seducción; sus labios nunca me parecieron más atractivos, por lo que no podía evitar acercarme más y besarlos. La verdad es que no sé como besaba, me da un poco de vergüenza pensar que la pudiera babear o morder, pero creo que no resultaban desagradables, ya que ella se dejaba. Luego de la apasionada noche de bodas, nos quedábamos dormitando en la cama, yo me aferraba a su cuerpo mientras ella acariciaba mi pelo. Ahora que lo pienso, la abrazaba de la misma manera que hace unos meses abrazaba a mi peluche Marcos.

           Así pasamos días,  meses, ¡años!, no hubo momentos más felices para mí en la infancia que aquellos en los que mis manos estaban entrelazadas con las de Romina, mientras descansábamos en el lecho nupcial.

*********************************************************************************
Ya la aurora no es nada nuevo pa’ tus ojos grandes y pa’ tu frente; ya el cielo y sus estrellas se quedaron mudos, lejanos y muertos pa’ tu mente ajena.

**********************************************************************************

-          ¿Y no le hay visto las pechugas? Me pregunto un amigo en clases.
-          ¿Las pechugas? ¿qué es eso? posiblemente, si hubiera entendido de qué me hablaba, le hubiera pegado. Solo sabía que las pechugas eran aquella parte que se escondía tras el escote, la cual se alcanzaba a esbozar cuando jugaba con Romina en la cama.

Dos años después lo entendí, una tarde en la que entré a su casa con la llave de copia que mis papás guardaban para emergencias. Cuando la vi a ella, montada en un gil-lo supe algunos años más tarde, era su pololo de turno- ¡en nuestra cama matrimonial! En esos segundos, que me detuve a contemplarlos, pude ver sus pechos, acariciados por ese tipo. Salí lo más rápido que pude y fui a encerrarme en mi pieza, no comprendía nada, como siempre.  ¿Qué había pasado? ¿Por qué Romina me había traicionado? ¿Había hecho algo malo? En esos años que pasé, siempre desconcertado por lo que yo creía una traición, pude ver como Romina crecía, casi siempre llegando borracha a su casa, acompañada por algún weón, o peleando con su papá; creo que había dejado de bailar, su figura ya no lucía como la primera vez que la vi.

********************************************************************************
Cada uno aferrado a sus dioses, productos de nuna historia, los modelan y los destruyen y según  eso ordenan sus vidas…
*********************************************************************************

         Solo hace algunos años, cuando pude descansar en una cama y entralazar mi mano a la de otra mujer- la que ahora es mi polola- pude comprender que Romina jamás me traicionó, yo era un pendejo, ella una niña que se estaba volviendo mujer. Fui un tonto que se ilusionó con algo que nunca existió.

         Hoy volví a verla, pero ella no me reconoció; después de esa visión fantasmagórica, ocurrió lo que no pasó hace diez años, derramé lágrimas, pero no porque me doliera aún lo que ya había pasado, sino porque sé que no es feliz. Ambos crecimos y hemos sentido pasar la vida, pero de manera muy distinta. Cuando siento que mi vida actual me resulta deprimente, mi mente vuela a aquellos momentos en los que estábamos juntos, pero estoy casi seguro que si ella se siente deprimida, solo se encierra en su desdicha, dudo que recuerde a ese pendejo que roceaba sus labios.

************************************************************************************
Nos hablaron una vez cuando niños, cuando la vida se muestra entera, que el futuro, que cuando grandes, ahí murieron ya los momentos, sembraron así su semilla y tuvimos miedo, temblamos, y en esto se nos fue la vida.
*********************************************************************************

Te aseguro que puedo comprenderte, porque yo sentí que mi vida no tenía sentido por muchos años, pero creo que si alguien siente que no es feliz, debe intentar salir de ese abismo, ya que nadie más lo hará por él. Cuando dejé de preocuparme de Romina, y solo pensé en aquellas caricias lejanas como un dulce recuerdo, comenzé una nueva etapa.

Víctor, si no eres feliz, si te sientes desencantado por causa de algunos cambios que has experimentado, ¡busca el por qué de tu infelicidad! e intenta remediarlo. No lograrás nada lamentándote siempre de lo desdichado que eres, solo es perder parte de tu vida en tristezas evitables.

 Te mando un abrazo querido amigo, espero viajar a México a fin de año, por fin nos veremos y saldremos a tomar una cerveza e iremos a alguna cancha a jugar.

Hasta entonces….

No hay comentarios:

Publicar un comentario