Fotografía: Henri Cartier-Bresson
Todo empezó cuando niño, su padre lo llevó al parque sin decirle el por qué. Ya a esa edad su personalidad se asomaba tímidamente por sus ojos, siempre prefería estar mirando el cielo en busca de algo, nadie sabía de que, solo buscaba algo con la curiosidad y la concentración de un pequeño felino que intentaba atrapar una mosca en el aire, para su fortuna siempre lo encontraba, un rayo de colores que no lograba definir siempre le cortaba el cielo, lo que lo emocionaba inexplicablemente.
Esa vez sentados en el parque su padre inesperadamente sacó de su bolsillo un pequeño trozo de pan envuelto delicadamente en una servilleta, ante la curiosa mirada del niño comenzó a desenvolverlo y a arrancar pequeñas migajas y a lanzarlas al suelo, rápidamente grandes palomas volaron a la reciente comida, impresionando al niño que se quedó pasmado ante lo extraordinario de la situación, el niño absorbido por una curiosidad que no pudo controlar arrancó el trozo de pan de las manos de su padre y corrió al medio de la plazoleta poseyendo el tesoro mas valioso que su imaginación pudiera concebir, el evento que lo marcaría para todo su vida se desarrollo en unos pocos segundos, una bandada de pájaros lo envolvió de pies a cabeza, como un gran remolino de plumas y picos que revoloteaban ante él . El padre sin comprender el maravilloso espectáculo del que su hijo participaba lo arrancó con brusquedad y lo condujo a la casa. Desde ese religioso espectáculo jamás pudo separarse de las aves.

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