No siempre sabía lo que hacía, la calle en la que me encontraba dio varias vueltas en círculo antes de que por fin pudiera incorporarme. Cuando estuve ya de pie, caminé a tientas un buen trecho antes de que mis ojos se acostumbrara a la luz artificial de la luminaria pública, por desgracia, antes de que pudiera avanzar más, ya me encontraba oculto en unos matorrales que me protegían de la amarga sensación de sentirme perseguido que reptó rápidamente por mi columna al verme expuesto a la ciudad.
Escondido en las malezas la realidad se hacía más difusa de lo que ya era, los recuerdos que quiero olvidar, mis padres, mi infancia, mis tías, la adicción… se mostraron en mi como un gran cuadro salpicado por agua y que formaba una espesa tinta de color indefinible, que no dejaba diferenciar el pasado, el presente y el futuro.
Poco a poco las malezas comenzaron a cerrarse en si, dándome un ligero espacio en donde respirar, acurrado casi en posición fetal comencé a ver ligeros juegos de luces y sombras que se traslucían por la espesa enredadera, generando una multitud de figuras antropo- zoomórfas indescriptibles que danzaban ligeramente a mi alrededor, pronto comenzaron a gritar y a atacarme con zarpazos que yo, inultamente intentaba esquivar, una cólera se apoderó de mi como si una extraña energía me corriera por las venas, enfurecido agarré a una de las sombras y con zarpazos de león la destrocé por completo. El gran esfuerzo energético me provoco un desmayo que duró, creo, varias horas.
Desperté con gran esfuerzo, con una sed amarga que me secaba la garganta, a mi costado se encontraba un hombre completamente frio, y con notorias marcas de haber sido atacado, por desgracia y con gran horror puede ver mis manos bañadas en una espesa sangre. La conclusión final la saque en las fracciones de segundo que me costó levantarme y arrancar rápidamente.
Y aunque me lleve el tiempo se que no tengo edad. Corrí varias horas sin descanso con una soga en la mano, que nunca supe de donde la conseguí, cuando me detuve vi un gran árbol que me esperaba a brazos a vierto, le respondí la invitación con una gran sonrisa y amarre la cuerda a la rama más alta que puede, acto seguido la apreté y la envolví a mi cuello. Subo de nuevo dejo la tierra, un remordimiento me inflama las venas.
genial... me recuerda a Lovercraft...
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